Como en otras ciudades de Colombia y el mundo, en Neiva se realizó el pasado miércoles 5 de octubre, en el Parque Santander, una multitudinaria concentración que convocó a diferentes sectores políticos, sociales y a jóvenes para exigir en una sola voz el derecho a vivir en paz.

 

Así lo expresó Esteban Valderrama, estudiante de Comunicación Social de la Universidad Surcolombiana, "exigimos que el cese bilateral al fuego se mantenga, es nuestro derecho constitucional a vivir en paz, derecho que defenderemos por el camino de la esperanza y que ojalá algún día triunfe la reconciliación y el respeto entre cada uno de los colombianos”.

 

Después del triunfo del “No” el pasado 2 de octubre en el Plebiscito por la Paz, con el 50,24% en las urnas, lo cual dejó al país en un estado de polarización y desesperanza, manifestantes como María Liliana Díaz Perdomo, docente del Programa de Pedagogía infantil de la Universidad Surcolombiana, hizo un llamado al Gobierno Nacional y a la oposición para que se establezcan tiempos  en los diálogos, "que pongamos unos términos y unas fechas que se cumplan, que no sigamos en este limbo y en esta  zona gris en la que estamos".

 

Como integrante de la Asociación de trabajadores del Huila, Luz Amanda Rivera expresó el temor de que la violencia vuelva a los campos, “nosotros  como campesinos que hemos sido víctimas del conflicto, que hemos tenido que vivir la confrontación armada entre Ejercito, guerrilla y otros actores armados como los paramilitares, es muy triste advertir este retroceso en estos diálogos; pudimos vivir un respiro, pudimos vivir una tranquilidad en el campo, pero obviamente lo que algunos quieren es que vuelva la Guerra”.  

 

¿Pero quién ganó el 2 de Octubre?

 

Muchos de los asistentes a la marcha afirmaron que ganó la mentira y el miedo al cambio, tesis que acoge Juan Alberto Zuluaga, estudiante de Ciencia Política de la Universidad Surcolombiana: "lo que ganó fue el engaño, el odio, el rencor, las mentiras, los mitos que se tejieron en contra de los acuerdos de paz, porque mucha gente que votó por el No ni siquiera conocía los acuerdos, ni siquiera se habían leído las 297 paginas".

 

De otra parte, según la Administración Municipal, representada por Aldemar Macías, Secretario de Educación, muchas situaciones jugaron en contra; pese a que se realizaron labores pedagógicas para explicar el acuerdo y sus implicaciones, "los Colombianos nos polarizamos, eso ha sido muy desafortunado, que no tengamos la capacidad de argumentar, debatir, sino por el contrario se impone muchas veces la desinformación, la estigmatización que genera odios, sentimientos de rechazo hacia otros sectores y eso fue lo que lamentablemente ocurrió el domingo. No fuimos capaces, los colombianos, de entendernos como seres humanos. El desafío, en medio de la incertidumbre del domingo, es seguir trabajando por esa paz”, agregó Macías.

 

El camino a seguir   

 

En estos momentos, aunque el país se encuentra en el limbo, surgen algunos indicios de esperanza, o por lo menos así se ha advertido en las alocuciones presidenciales luego de las reuniones entre los líderes del No, en cabeza del senador Álvaro Uribe, y el gobierno nacional. A esto se suman las declaraciones de las Farc, el día de hoy, en las que aceptan discutir con el Gobierno las diferentes propuestas que surjan para ajustar el acuerdo de paz.

 

Por otro lado, el reciente premio Nobel de Paz otorgado al presidente Juan Manuel Santos ha sido interpretado por la opinión pública como un espaldarazo por parte de la comunidad internacional al pueblo colombiano en su búsqueda por la paz.

 

En el Huila, diversos movimientos ciudadanos, políticos y sociales como el Frente Amplio Social y Político por la Paz, a través de su vocera Ana Belén Alarcón, dieron a conocer una serie de actividades que tienen planeadas, entre ellas la toma a la Plaza de Bolívar, en Bogotá, el 13 de octubre; y en Neiva, la cumbre de organizaciones sociales y políticas para rodear y exigir la implementación de los acuerdos. 

 

Publicado en Notas Ciudadanas

Durante los días 1 y 2 de septiembre se realizó en Florencia (Caquetá) el II Foro Regional sobre Pedagogía y Cultura de Paz. El evento organizado conjuntamente por las Universidades de la Amazonía y Surcolombiana sirvió como escenario de reflexión sobre el papel que deben cumplir la escuela y los educadores en la construcción de una cultura de paz en la fase del postacuerdo.

 

El auditorio Ángel Cuniberti de la Universidad de la Amazonía acogió durante dos días alrededor de quinientos docentes, investigadores, estudiantes, funcionarios públicos, integrantes de organizaciones sociales y representantes de organismos de cooperación internacional para realizar un ejercicio de análisis e intercambio de experiencias pedagógicas para la construcción de paz en la región.

 

Los aportes académicos de la Universidad Surcolombiana se realizaron a través de tres ponencias presentadas por los docentes Myriam Oviedo, Hipólito Camacho y Nélson López, quienes abordaron los temas del perdón, la construcción de paz desde los procesos de formación y la investigación como camino para transformar las escuelas en territorios de paz.

 

Durante el evento se socializaron las acciones adelantadas por la Maestría en Educación y Cultura de Paz, el Grupo de Investigación PACA (Programa de Acción Curricular Alternativo) y los grupos Crecer y Acción Motriz, que entraron en diálogo con las iniciativas que realizan las universidades de la Amazonía, Caldas, Distrital y Tecnológica de Pereira, así como con los procesos locales y comunitarios que adelantan organizaciones en Huila, Caquetá y Putumayo.

 

Al realizar una mirada global de las preocupaciones, aportes y reflexiones más importantes del encuentro, se evidencian algunas líneas de acción para los procesos de formación e investigación que se hacen necesarios impulsar desde la academia como aporte a la reconstrucción de una sociedad democrática y en paz.

 

Educar para la reconciliación y el perdón

 

Un número importante de las intervenciones realizadas en las jornadas de discusión, hicieron énfasis en que el principal papel que debe jugar la escuela y la educación es ayudar al conjunto de la sociedad a transitar de una cultura de la guerra a una cultura de paz, teniendo en cuenta que la vida de varias generaciones de habitantes de la región ha estado marcada por el miedo, la desconfianza y la convivencia con la muerte. Ponentes y participantes identificaron el odio y la venganza como prácticas que están enquistadas en la cultura regional y que “nos han enseñado a resolver nuestras diferencias de manera violenta, es decir, a través de la eliminación del contrario”.

 

Durante su intervención, la docente Myriam Oviedo, señaló que el reto se encuentra en transformar las practicas que rigen la relación entre víctimas y victimarios. Cambiar la idea de que la venganza y la rabia retaliatoria es el camino para encontrar justicia. “La venganza es un acto fallido de restauración de la dignidad” señaló, asegurando que el único camino posible es el de la reconciliación y el perdón.  

 

“El perdón es necesario entenderlo como una decisión, como la voluntad de abandonar el resentimiento, los juicios negativos y las diferencias hacia quienes nos han injuriado o lastimado. Es transformar nuestro comportamiento hacia el ofensor”.

 

Recalcó que en los centros educativos hay que enseñar sobre el perdón consciente que implica recuperar la memoria, hacer reflexión crítica y aceptar que lo que se hizo ya no se puede revertir. También hizo énfasis en que “el perdonar no se puede asociar al proceso de reclamación de justicia”, ya que el perdón está centrado en las personas y no en las faltas y por lo tanto el perdonar no impide que la víctima pueda seguir reclamando justicia para que se juzgue el crimen. “El perdón no es justo, el perdón no busca hacer justicia. Lo que busca es transformar la relación víctima – victimario para que las personas puedan liberarse del peso y continuar con su vida”.

 

Durante la parte final de su intervención, la profesora Oviedo precisó que el perdón no es un proceso mecánico que ocurre en las personas, no es algo que se decreta, se impone o se determina en el tiempo. Al contrario, requiere que la gente tenga la posibilidad de sacar el dolor, elaborarlo ya sea a través del llanto o de la palabra. “En la medida en que las personas cuentan y narran se elabora el dolor. Y cuando hay mucho llanto es porque se necesita hablar más”. “Si no hay palabra, no hay perdón”, concluyó.

 

En la perspectiva de la reconciliación y el perdón, el Foro Regional contó con la socialización de varias experiencias pedagógicas que se basan en la lúdica, la integración y el arte como mecanismos para elaboración del dolor que han sufrido las víctimas del conflicto social y armado. Proyecto “PerdonArte”, Escuelas de Perdón y Reconciliación, Semillero de Investigación “Teatro, Territorio y Conflicto”, Estrategia de Recuperación Emocional Grupal, Mujeres por la Paz, el Arte y la Reconciliación, Geopolítica de las Emociones fueron algunas de ellas.

 

Superar la exclusión y el olvido del Estado

 

“Los más de cincuenta años de guerra vividos en nuestro país nos han convertido en una sociedad excluyente” fue otra de las afirmaciones recurrentes que se pronunció durante las intervenciones. La exclusión política, la segregación económica y social, la exclusión por motivos de género, raza, creencias religiosas, orientación sexual, no nos han permitido construir un proyecto colectivo de nación.

 

Jovanny Salazar, Coordinador Territorial de la Oficina del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR), aseguró que uno de los principales retos de los educadores de la región y de las universidades que forman a estos educadores se encuentra en asumir una perspectiva de la educación para y desde la diversidad: “La escuela, la educación tiene que ayudar a forjar la identidad a partir de la diversidad y ese es el reto. Ayudar a formar sujetos de derechos, teniendo en cuenta que no todos y todas somos iguales, que acá hay diversidad étnica, hay diversidad de orientación sexual, hay diversidad de géneros y hay formas distintas de entender, vivir y proteger el territorio”.

 

En lo que se podría denominar una fuerte crítica al sector educativo y en particular a las universidades de la región que cuentan con programas de pregrado y posgrado en educación, Salazar afirmó que no es posible cumplir con los retos de la escuela para el postacuerdo mientras las universidades no revisen el enfoque de formación de los licenciados y licenciadas de las diferentes disciplinas. “¿Cómo vamos a construir la paz y reconstruir este territorio si los licenciados no quieren ir a la zona rural?”, increpó al auditorio constituido en un 80% por mestros, para luego explicar que los educadores de la zona rural del Caquetá en su mayoría provienen de otros departamentos.

 

“La universidad tiene que poner a sus estudiantes, futuros profesionales frente a la realidad de las comunidades y la realidad no es solamente las cabeceras municipales. Estamos hablando de cada uno de los asentamientos, allá en los ríos, en las carreteras, adentro de la montaña, adentro de la selva donde están niños y niñas, hombres y mujeres que quieren transformar su realidad, que quieren mejorar sus condiciones y oportunidades”.

 

El último llamado de Salazar durante su intervención estuvo dirigido al Estado y los líderes políticos de la región en tanto que aseguró que por encima de los muertos, el desplazamiento, las minas y el hambre, la mayor consecuencia de la guerra es el olvido al que el Estado ha sometido a las comunidades. “Y el estado no es solamente el gobierno, también es la sociedad civil, también es la academia” volvió a increpar al público mientras proyectaba fotografías de las escuelas rurales del Caquetá.

 

“Esas escuelas nos muestran el olvido del Estado, el nivel de importancia que se le da a los procesos de socialización del conocimiento que es a lo que le llamamos educación. Estos son los espacios donde supuestamente se hace la socialización del conocimiento para nuestros niños y niñas. En la zona rural del departamento del Caquetá no he conocido una institución educativa que responda a los mínimos estándares de calidad para recibir educación adecuada, y en los últimos 5 años si no he recorrido 150 comunidades de la zona rural, son pocas”, concluyó.

 

Fortalecer los lazos de la escuela con la organización social y comunitaria

 

Los conversatorios principales del Foro estuvieron dedicados a la reflexión sobre el modelo educativo y las trasformaciones que necesita la escuela colombiana para que se convierta en el motor principal de la reconstrucción del país.

 

Sin duda, la necesidad de una escuela articulada al entorno social y cultural, que responda a las necesidades de las comunidades y reconozca otros saberes que se encuentran fuera de la academia, fueron los principales elementos señalados.

 

Desde proyectos como el de la “Escuela Dinámica para la construcción de paz, equidad y reconciliación en el posconflicto”, en el que se articulan varias universidades del país, “estamos trabajando en la identificación de nuevas coordenadas sociales de formación y en el reconocimiento de diversos actores que están contribuyendo a los procesos de formación. Hemos trabajado en un concepto elaborado de formación que tiene que permitirnos integrar a los movimientos y las organizaciones sociales y populares a la academia, para articular los saberes” señaló el profesor Nélson López durante su intervención sobre iniciativas locales de paz desde procesos de formación.

 

En ese mismo sentido, el Coordinador Territorial de ACNUR señaló que se hace necesario revivir y darle sentido a lo que se denomina comunidad educativa. “La educación no es para los niños y las niñas, los adolescentes y los jóvenes que van a la escuela. La educación es un ejercicio colectivo de socialización del conocimiento que nos implica que toda la comunidad esté involucrada. Trabajar con los papás y las mamás, con los adultos, con las autoridades para abordar el tema de la educación en ese nuevo camino que es la construcción de paz”.

 

Para Oscar Neira, comunicador social y periodista egresado de la Universidad Surcolombiana, quien se desempeña como docente de la I.E. rural Divino Niño ubicada en la inspección de Puerto Nuevo Sabaleta del municipio de San José de Fragua en el Caquetá, la interacción de las comunidades con la escuela debe generar unos impactos en los modelos pedagógicos.

 

“Los modelos pedagógicos son las hojas de rutas de los colegios y se deben pensar desde toda la comunidad educativa, es decir construirlos con docentes, estudiantes y padres de familia. Y ese acuerdo que hagan ellos debe ser el que oriente todo el proceso educativo de la institución. Si eso ocurre, la paz está ahí”. 

 

FUENTE: Desde La U. Periódico Institucional Universidad Surcolombiana. Edición No. 45 Agosto - Septiembre de 2016. Región. Páginas 10 y 11

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